martes

Y ahora me buscas y aquí ya no hay nadie



Pocas cosas he soñado como cuando soñé contigo, pocos sueños he tocado como cuando me tocaste. Casi nunca me he sentido tan vivo como el momento en que llegaste… ni tan muerto como cuando te alejaste.

Fui un cadaver andante, vacío de besos, manos, palabras, labios, falta de tus ojos tan llenos de mí, temeroso de todo lo que me recordara a ti. Y me rompí.

Esos días no era más que un montón de cristales en el suelo brillando entre lágrimas y anhelos. Fui todo lo que me ha dolido, estuve de luto por nuestro amor perdido. Lloré lágrimas ocultas en sonrisas falsas, miré hacia arriba pensando tan solo en la caída. Anduve para tropezar, dejé de comer para alimentar mi fatalidad. Estuve sin estar.

¿Y sabes qué? Sobreviví. Aquí ya no vuelvas más.

jueves

Te seguiré olvidando

Yo volveré a despertarme a la tercera alarma
en lugar de con tus buenos días
volverás a dormir temprano
en lugar de leerme historias en la madrugada
Yo seguiré durmiendo la siesta
y tú odiándola

seguirás perdiendo autobuses
pero ya no pensarás en mí para que te rescate
Yo volveré a buscarme en el espejo
y tú volverás a buscarte en otros ojos

Los conciertos seguirán
así como seguirá nuestro amor por la comida basura
pero lo compartiremos con otros

Se te seguirán olvidando las llaves y los besos
pero no abrirán la puerta de mi casa ni serán mis labios los que te esperen
Yo seguiré llegando tarde a las citas y a la vida en general
y serán otras personas las que rían mis excusas

Seguirás haciendo sonreír después del sexo,
y será otra persona al otro lado del pasillo quien se contagie
Seguiré dejando mensajes a altas horas
pero serán en otro buzón de voz

Seguiré, seguirás

Quizás nos recordemos en algún momento a cámara lenta
cuando alguien pronuncie mi nombre o el tuyo
y no seas tú, y tampoco sea yo

Nos aferraremos al largo plazo
y cerraremos los ojos al corto por sentir la velocidad de esta noria
que se nos fue de las manos y se volvió carrousel

Yo me convenceré de que ahora eres más feliz y sonreiré
tú te convencerás de que tomaste la decisión acertada y sonreirás;
y batiremos nuestras alas muy alto como si no supiéramos que los pájaros
se cansan de volar

Sonreiremos como idiotas
que no tienen ni idea
pero que se van dando cuenta de que si hay algo 
realmente efímero
son las personas cuando no se aferran al recuerdo de alguien más

Y la única verdad será
que la vida sigue, que la vida siempre sigue

miércoles

Uno mismo

No empezamos de cero. Empezamos de uno. Uno soy yo. Estoy entero. No tengo ni un primo. Ni un anterior. Soy singular y finito. Pero cero diviendo a uno es nada. Necesito otro uno. Pero si suma o resta ya no soy uno. Y si divide o multiplica tengo otros unos. Parecidos a uno. Y entonces soy otro uno o un distorsivo o un no soy uno. ¿Cómo le hago tablas a otro uno? Siendo dos unos, en el tablero mayor de unos, hay mucho de uno por todos lados. Y me tengo que prorratear para ser proporcional y resolver el problema de uno, antes de empezar de cero de nuevo. O de uno. Pero después de la cuenta, uno ya no es igual a uno. Es un binario. Lleno de unos y nadas. Hay quienes dicen que uno se adapta a los cambios. Que es mejor replicar para no quedarse en uno. A los duplicantes yo les resto este planteo: si me divido por cero soy nada, si me divido por otro soy otro uno, pero si me divido por uno mismo soy el mismo uno más todos los ceros. Y en algunas ecuaciones, es más rentable multiplicar la nada que deducirse uno entero

Me quede

Lo de todo tiene un final
tú siempre lo supiste y
yo lo tuve siempre claro.

Fuimos ilusos
y nos creímos toda esa mierda de que los mejores
besos
se dan con los ojos cerrados.

Y eso que yo siempre quise
perderme en los tuyos
por lo que pudiera esperar al otro lado.

Cuidamos de no aferrarnos tanto,
de no saltar tan alto
y de no querer tan fuerte.

Pero al final nos aferramos tanto
y nos quisimos tan fuerte
que saltamos.

Y aun así,
hoy se hace el silencio
y el problema es que gritan más fuerte
los miedos que los orgasmos.

El problema es que te miro a ti
Pero a quién veo
cada día lo tengo menos claro.
Tus manos ya no son ese refugio
en el que colgar los pies cuando pierdo los zapatos.

Pero juro
que no sé qué hacer para que al corazón
se le pase esta sed de tus labios.
Qué ironía
que suenes incluso más dulce
cuando empiezas a hacerme daño.

La distancia,
lo reconozco,
se hizo enorme mucho antes de la despedida
pero duelen más las ganas de volver a verte.
Y el miedo.
Sobre todo duele el miedo a que no vuelvas.
Hoy sé
que a veces hay que ir al otro lado del mundo
para entender que es demasiado lejos la otra acera
Y déjame decirte
Que en los mejores momentos,
sobraron las fronteras.
Recuerdo tus palabras como agujas.
Pasaste de puntillas por mi vida
y me quedé clavado.
Me has robado el sueño y
lo has cambiado por arrugas,
ojeras y canas.
Me regalas la inspiración a cambio del desvelo.
La musa de la ausencia,
esa terrible capacidad para escribir sobre el
“cuanto te echo de menos”.

Pero lo que más me jode
es no poder recordar tus besos.
Lo de todo tiene un final
tú siempre lo supiste y
yo lo tuve siempre claro.
Pero al menos,
Yo me permití soñar.

viernes

TIEMPO AL TIEMPO

¿Qué pasaría si un día, después de morir, despertaras al inicio de ese mismo día? Sí, es parte de la premisa de Groundhog Day, y también de “All You Need Is Kill”, un libro de Hiroshi Sakurazaka, que hace poco leí. En el, un soldado de un futuro no muy distante, todos los días se enfrenta en una guerra contra un enemigo casi indestructible. Todos los días muere a los pocos minutos de comenzar la batalla. Pero a fuerza de repetir cada día una y otra vez, poco a poco, resiste vivo más y más minutos. Lucha, aprende, muere. Repite.


No voy a contar el final, pero es obvio decir que en algún momento, a base de incontables fracasos y pequeños éxitos, se convierte en una máquina de matar perfecta, implacable, hermosa.


¿Qué pasaría, si un día, después de fracasar, despertaras al inicio de ese mismo día? ¿Te volverías una mejor persona –o un mejor asesino, según las dos obras antes mencionadas- o simplemente repetirías los mismos errores una y otra vez hasta el fin de los tiempos, porque está en tu naturaleza?

No sé la respuesta.

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El viaje en el tiempo siempre me ha causado una fascinación personal.

En cuanto a sus dos direcciones, pensar en viajar al pasado me parece demasiado complicado, demasiadas variables, demasiadas paradojas. En cambio, el viaje al futuro es una hoja en blanco.

En “The Forever War” de Joe Haldeman, el viaje por el tiempo es un efecto secundario que surge de la ubicuidad del viaje por el espacio. Si al viajar uno respeta la física relativista, al acercarse a la velocidad de la luz, el tiempo transcurre más despacio. En esta novela, los protagonistas recorren el espacio durante poco tiempo subjetivo, algunas semanas o meses, pero el resultado, en el mundo objetivo, son decenas, cientos, miles de años.


¿Podría embarcarme en un viaje de un par de meses, sabiendo que al regresar habrán transcurrido cientos de años? Ningún conocido estará vivo, ningún lazo con mi pasado existirá; sería un extraño en mi propio mundo. Un anacronismo, un mito.

¿Podría cortar con todo, con todos, con mi vida, mi presente? ¿Incluso mi propio futuro, cambiándolo por una incógnita?

No sé la respuesta

miércoles

INACOSTUMBRABLE



Escuché una vez, a un viejo decir en un bar, que el hombre, con el tiempo, se acostumbra a todo.


No es cierto, hay cosas a las que no te acostumbras ni con todo el tiempo del mundo. No te acostumbras al hueco del otro lado de la cama, nunca te acostumbraras a no ver su sonrisa o a dejar de pedir dos copas en un bar, o a dejar de comprar dos entradas para un concierto, a no notar su olor, ni sus besos, ni a que se te reviente el alma cada vez que te miras al espejo, y te das cuenta de que eres el idiota más grande del mundo, por haber dejado escapar al amor de tu vida