miércoles

Yo que cambio constantemente

Yo que amé del sol su rayo más rubio 
y tuve mi jarra de agua  tan clara como el dos 
o el cuatro, tan clara 
como el seis o el ocho

Yo que fui ciclón y poeta 
silvestre y enamorado, político y moralista 
que al perro llamaba perro y al hombre injusticia

Yo que fui el más cuerdo  
de los hombres que huelen a lata de cerveza 


ahora,  ahora voy por las calles 
sin amor ni herradura,  más oscuro que el uno 
y el tres y el siete
más errado que la muerte, tan confuso que no acierto 

que al teclear las letras algunas se me olvidan 

o se par ten o di vi den 

o cambian de lugeras 


o desap_rec_n... 




lunes

Del amor al odio

Si acaso una vena de cartón, una estatua ventrílocua o una corbata empujada por el viento, poco más

El amor no me demostró nada

Me volvió un gato con revólver, un flequillo revuelto y desquiciado, una maceta de lirios vulgares
Me dejó cara de teléfono, grano de maíz sombrío, paloma en alas de muletas


Me hizo peor

Del odio no tengo queja. El odio me torna tan mirlo y descansado, apenas lo pruebo en grageas de minuto, que salgo a la calle con ganas de abrazarte (sí, me refiero a ti, la de color morado, no importa que seas berenjena)

Quedense con el Amor y las sagradas rosas que luce en el culo, que yo me quedo con el Odio

Porque el amor tiene límites y el odio no
El amor tiene dudas y el odio no
El amor fracasa y el odio no
El amor es intenso, yo también
pensaba que era más intenso....

Hasta que probé el odio

viernes

Cuantos

Ahora que caminas por las calles con rostro de berenjena
y te crees más feliz que una ardilla con vestido de volantes
y yo estoy solo y te añoro solo y malvivo tan envenenado
que rumio lento y rencoroso cada pelusa de los segundos

permite que perverso te pregunte en cuántos

En cuántos kilómetros de cuerpos tendrás que frotarte
para borrar hasta la última mota insistente de mi recuerdo
en cuántos bares o callejones sucios te entregarás en serie
mientras la luna te baja despacio la cremallera de tu falda

Con hombres que ni el tímpano de mí, que ni el cúbito de mí
con hombres sin vaca de estrellas que ni la pala de mi canoa

En cuántos baños torcidos de fiebre te quitarás las bragas
para olvidar las líneas y betunes perdurables de mis manos
en cuántas playas dejarás que te bronceen la espalda
ante la mirada lasciva de las olas a punto de romperse

Con hombres que te besarán el labio solo y la lengua sola
mientras que yo, niña escorpiona
yo no besaba solamente lo que va de tu lengua al labio
sino tu muñeca curva de escritora mulata y sobredotada

yo besaba tu furia de justicia y tus palabras versimotoras
yo besaba tu huracán de mapas zurdos y zurdas aleaciones,
yo, yo no lamía la mera delicia que sonríe dentro de tu vulva
sino la chica que borracha gritaba rabias y revoluciones,

yo lamía la agitadora que portaba pancartas
yo lamía tu enredadera y tu grano de anís orgulloso
en cuántos despachos nocturnos restregarás tu columna
para acallar a golpes la gramola antigua de mis canciones
en cuántos hostales vacíos ofrecerás tu insensata belleza
para ensuciar con minucia las corbatas que no me puse

con hombres que ni el sépalo de mí, que ni mi eslora
ni mi palo de mesana, con hombres
a los que podría aplastar con una metáfora
y que huirán enloquecidos cuando descubran
mis versos

porque yo, yo no amé tan solo tus espigas de sol
sino también tus espigas de sombra,
Yo no amé tus manzanas de Persia
sino de Persia también tus gusanos

Yo, yo sabía mejor que nadie que las mujeres
que vuelan cien aviones más altas
también dañan como cien aviones

En cuántos pasillos oscuros dejarás tu cuerpo satenado
para extirparme y desaparecerme hasta los raigones,
en cuántos hombros descansarás tus pieles pleamares
para negar lo que te amé y te amaba, lo que te amo,

porque aún te amo, sí, te sigo amando:
y aún espero como una polilla extraviada
a que me vuelvas a encender la luz
cuando te canses de tus

en cuántos

sábado

Blogger

Hace demasiados años ya que empecé este blog, como mínimo ocho. En el trascurso de estos eh encontrado almas muy singulares, algunas que ya no escriben otras que han perdurado.

Empecé por desahogarme, vaciarme han crecido mil mandrágoras en estas letras. Unas sobrevivieron otras no. en algún momento decidí borrar las entradas viejas aquellas que hablaban de viejos amores, dolores insufribles y experiencias nuevas.

Empecé a escribir por el cáncer, de cómo me entere y como se enteró mi familia, de la inevitable necesidad de hacer todo lo que sentía estaba perdiendo.

Hubo muchas experiencias, fui otra persona, una que dejo el miedo a un lado, la comodidad de saberse seguro entre cuatro paredes para salir al mundo a experimentar. Mi otro yo se sentía muy incómodo estando lejos de su hogar en la noche, es por eso que no salía ni iba a fiestas cuando esas horas llegaban.

Así que empecé a experimentar, probé por primera vez la mariguana, cosa que acepto que aparte de no quedarme con la duda no me produjo ningún placer, jamás entenderé porque la gente se hace adicta a eso. Robe muchos besos, fui a fiestas donde no conocía a nadie apartando el miedo a la soledad y mi falta de carácter para hacer nuevas amistades, cosa que mejoro pero tampoco digamos que me volví un extrovertido que no para de hablar.

Valla ese año está lleno de primeras veces, paracaídas, bongie, mi primera mudanza. Es raro pero el saber que tienes fecha de caducidad te da un sentimiento muy liberador.
En definitiva fui alguien diferente antes, durante y después de ese procesó. Existen varias versiones de mí en el tiempo, extraño saberme tan derrotado, pero lo aproveche al máximo y ahora trato de no volver a sentir que perdí o puedo perder oportunidades para disfrutar mi vida.

Curiosamente la mayoría de las personas que conocí aquí tienen algo que ver con la biología, algo que me gusto, leerlos y que me leyeran saber que existen tantas personas en este mundo que comparten gustos y experiencias similares a las mías


También aprendí que las cosas que escribo pueden herir u ofender a mis conocidos, sobre todo cuando escribo tipo diario, sin limitaciones en mi sentir, pero deben entender que este soy yo. Y yo puedo estar de malas, de buenas, enamorado o dolido y escribir para mí es releerme para comprenderme, para sanar, para analizar como llevo mi vida, si es como me gustaría o debería cambiar. Para aislarme del mundo que a veces me apabulla y tener paz para pensar. Porque en las palabras encuentro la facilidad de verme y ver al mundo desde una perspectiva más amplia 

miércoles

Mi letra

No Puedo Vivir Sin Ti - Coque Malla

Llevas años enredada en mis manos, en mi piel, en mi cabeza, y no puedo más, no puedo más!
Debería estar cansado de tus manos, de tu pelo, de tus rarezas, pero quiero más, yo quiero más!
No puedo vivir sin ti, no hay manera, no puedo estar sin ti, no eh encontrado la manera!


Me dijiste que te irías, pero llevas en mi cabeza toda la vida, sé que no te irás, tú no te irás
Has colgado tu bandera, traspasado la frontera, eres la reina, siempre reinarás, siempre me reinarás
Y ahora estoy aquí esperando a que vengan a buscarme, tú no apareces, no me encontrarán!
Yo me quedo para siempre con mi reina y su bandera, ya no hay fronteras, no me dejaré llevar a ningún lugar!

(Básicamente la misma letra, pero con dos o tres cambios a mi manera, porque, porque así me gustaría dedicártela, porque es todo lo que pienso cuando te pienso, que es básicamente todo el día)

viernes

El telescopio

Porque todo tiene un comienzo y casi siempre uno se empeña en descubrirlo. Es ese obstinado empeño en definir las causas que anteceden a las consecuencias y como no siempre quedan claras o acaso no queremos verlas claras, entonces uno las inventa, las viste, les pone éste u otro nombre, se fijan las fechas y todo queda concluido: todo comenzó aquel día.

Todo comenzó el día en que Alma llegó a casa con el telescopio. Siempre he sido de costumbres nocturnas, me gusta deambular por la casa a oscuras, tantear para sortear los muebles hasta aprenderlo todo de memoria. A  Alma esto no le gusta, pero siempre eh sido así. A ella le gusta dormirse sintiendo mi cuerpo junto al suyo. Yo la complazco y me sujeto a su lado después de que hacemos el amor, me pongo a mirar al techo y espero a que se quede dormida para levantarme. Es que la noche me fascina, no sé por qué no lo entiende.

Aquel día se apareció en casa con un telescopio, dijo que un amigo se lo había regalado y podría entretenerme contando estrellas. La idea me gustó. A partir de aquel día, antes de dormir me sentaba en el balcón a mirar, ciertamente, las estrellas. Alma se acercaba, colocaba su ojo, algo decía y un rato después me invitaba a dormir. Vamos a dormir significaba vamos a hacer el amor, y ella comenzaba a quitarse la ropa hasta llegar desnuda a la cama desde donde gritaba que se arrepentía de haber traído el aparato, que yo no era astrónomo ni iba a descubrí un nuevo cometa y que si quería ver las estrellas, ella podía ayudarme. Alma es así.

Entonces mis madrugadas fueron un tanto diferentes, ya no solo vagar y asomarme a ver la calle. Con el telescopio podía observar las constelaciones, podía ver el barrio más allá de lo que alcanzaba mi vista. Mi balcón da a una avenida por la que rara vez transitan autos de madrugada. Más allá hay casas y edificios, un parque lleno de faroles rotos, callecitas que se pierden entre árboles. Yo podía verlo todo. Me convertí en el fisgón del barrio, en el ojo de la noche, y me resultaba curioso pensar que en ese momento alguien pudiera estar mirándome con otro telescopio. Nunca estamos solos. La oscuridad es un cómplice con demasiados rostros.

Una de esas noches estaba recorriendo los edificios con la vista, y entonces la vi recostada en el balcón. Una mujer joven, fumando despacio y mirando hacia la avenida como quien no mira nada, como quien espera acabar el cigarro para irse a dormir. Nunca la había visto, y por eso me llamó la atención. Tal vez tendría la misma manía que yo, o quizás sencillamente había tenido un mal día y no conseguía el sueño, yo qué sé, el ojo de la noche tiene sus límites de alcance. El caso fue que lanzó la colilla del cigarro y continúo recostada. Me dediqué a observarla. Posiblemente seríamos sólo ella y yo los testigos de la noche, es bueno saberse acompañado  en una empresa aunque ésta parezca totalmente absurda. La chica volvió a fumar. Detrás de su balcón había una puerta y una venta de cristal con las cortinas abiertas, la habitación a oscuras. No podía describir si adentro alguien dormía como Alma de mi lado y en realidad no importaba tanto. La chica estuvo recostada un buen rato, en ese tiempo fumó tres cigarros y, justo al lanzar el último, se incorporó, estiró el cuerpo y entró en la habitación. Bastante aburrido, pensé, así es que me olvidé de los vecinos y continué con las estrellas hasta que el amanecer me lo impidió.

La siguiente noche fue como de costumbre. Alma sudando debajo de mi cuerpo y yo acelerando el movimiento para dejarla exhausta. Luego la pausa. El suspiro final y Alma echándose a mi lado boca abajo, murmurando un diminuto “hasta mañana”. Tiempo de tregua para entonces levantarme, contemplarla en su respiración serena y salir al balcón. El barrio como siempre, tranquilo. Yo espiando detrás de mí ojo de cristal, como Corrieri en Memorias del subdesarrollo. Es curioso, uno se pone a mirar y la cabeza se llena de imágenes dispersas; si pudiera recoger en un video todo lo que pasa por mi mente en cada madrugada, escribiría una novela, o un tratado de sociología, o quizás, no sé, uno se pone a pensar en tantas cosas… Pensé en la insomne de la noche anterior, su balcón estaba a oscuras, seguramente dormía como todos, como Alma, que duerme apacible en mi cama. ¿Y por qué en mi cama? Porque es así, desde hace un tiempo es así. Primero eran salidas eventuales, nos veíamos, ella se quedaba en casa algunas noches, cada vez más seguido, un día traía una camisa, otro dejaba una falda, y así la casa se fue llenando de Alma que duerme mientras yo mirando las ventanas del otro lado.

En una de ésas descubrí una luz que se encendía en el edificio. Un acontecimiento en la madrugada y el departamento de la chica de la noche anterior estaba dentro de mi ojo. Las cortinas de la ventana permanecían abiertas. Cuando se tiene algo que ocultar uno se cuida de cerrar las ventanas, pero ella no sospechaba mi presencia. Entró seguida de un hombre, un gordo de pelo largo que sonreía todo el tiempo. Una mujer y un hombre en la intimidad con entrada libre a los curiosos. Si alma despertaba iba a acusarme de pervertido o tal vez me arrebataría el telescopio, nunca se cabe las cosas que pasan por la mente ajena. A mí me resultó atractiva la idea de seguir mirando y vi como el tipo se quitaba la ropa mientras ella bebía de la botella que tría en la mano. Nunca he visto una escena así aparte de en películas, así es que la idea resultaba interesante. Él se tiró en la cama y dejó de ser visible; ella se quitó la camisa, encendió una pequeña lámpara y apagó la luz. Prohibido para curiosos. El departamento convertido en una luz muy tenue donde seguramente un hombre y una mujer hacían el amor como Alma y yo antes de que Alma se duerma. Pasó un buen rato y vi a mi vecina levantarse, bebió nuevamente de la botella, se puso un short y fue a fumar al balcón. Exactamente igual que la noche anterior, mirando la nada de las calles. Seguramente el tipo dormía y ella, insomne como yo. Ella fumaba, botaba la colilla del cigarro y al rato alguien espiando es inadmisible. Pero esa mujer me resultaba extraña. ¿Por qué esa manía de fuma y fuma callada, ponerse a mirar la calle como si la calle le aplaudiera las conquistas, esa cara cansada y la falta de sueño? No sé, las mujeres no soportan estar solas. Ella llenaba sus noches de hombres y luego, ¿qué? ¿Qué os cura del gusto del vacío? Uno se recuesta en el balcón y es cuando de repente todas las verdades se escapan de las máscaras. La noche es el gran espejo. Uno se empeña en construir el todo con remiendos, como partes de un mosaico infinito, pero algo sucede cuando estos subterfugios se convierten en bufones burlándose de nosotros. ¿Qué hacía Alma en mi cama? Además de dormir, darme la espalda y dormir después de haber sudado sin amarnos, porque Alma duerme en mi cama y se arremolina y antes de irse a trabajar desayunamos juntos y luego regresa y es otra noche y otra noche más yo ante el ojo de cristal viendo cómo la de enfrente fuma, hace el amor y fuma, se recuesta en el balcón y pasa sus manos por la cara mientras tira la colilla hacia la calle, en una de ésas coloca la colilla en el balcón y se lanza ella a ver si algo sucede, como yo, esperando cada noche que algo distinto suceda, un algo diferente que no sea Alma boca abajo como los hombres de departamento de enfrente y, ¿acaso no será lo mismo? La vecina al menos cambia de rostro y quién sabe si en una de esas…

Comencé a obsesionarme. Cada vez me apartaba más pronto del lado de Alma para irme al balcón. Ella comenzó a molestarse preguntando qué tanto hacia yo, (afirmarme categóricamente solo), pero Alma dormía y se arremolinaba. Físicamente no estaba solo. Físicamente había dos cuerpos en mi departamento, ocupando cada cual su espacio, que coincidía únicamente en el momento justo que separa el “vamos a dormir” de Alma y su quedarse dormida. ¿Qué hacía entonces allí cada noche mientras yo hurgaba en la madrugada de los departamentos de enfrente? Del departamento donde la chica y el hombre continuaban charlando. A ratos ella decía algo y le pasaba la mano por el rostro apartándole el pelo de la cara. Parecía que me habían cambiado de vecina, pero era la misma, mi telescopio la conocía perfectamente. Ellos conversando. Yo, el espía. El ojo delator que acecha a los confabulados, aquellos que se hablan muy bajito, y se examinan para sentirse así, mero conquistador, ganador de territorios por derecho propio. Por los cientos de minutos que forman horas que empiezan a cantar los gallos –los gallos cantan mucho antes del amanecer, eso Alma no lo sabe porque no es insomne-. El estiro su cuerpo, ella dijo algo y caminaron hacia el departamento. Permanecieron adentro unos minutos, alguien apagó la luz de la lámpara y ella reapareció en la puerta, pero esta vez distinta. No se apoyó en el balcón a fuma y observar la calle que ya debe saberse de memoria. Se recostó en la puerta, con la mirada hacia adentro, hacia el lugar en que yo sé que está la cama. Me hubiera gustado hacer lo mismo. Me hubiera gustado abandonar mi posición, estirar la espalda y mirar hacia adentro, pero no tendría sentido. Adentro sólo iba a hallar a Alma, recostada boca abajo a un lado de mi cama, horas antes de despertar y pedir el desayuno. Por eso, preferí quedarme allí para ver cómo ella dejaba de mirarle y se sentaba en el piso del balcón, frente a mí, recostando la cabeza en la pared y sonriendo, sin fumar, sin nada de lo común que tan buen conocemos ella y yo. Estuvo un rato así hasta que en el marco de la puerta apareció un hombre descalzo con una camiseta. El caminó hacia ella, se agachó y quedaron largamente mirándose, yo lo sé. No importa que su espalda se interpusiera en mi mira. Tampoco importa que no viera sus rostros cuando él se sentó con los brazos extendidos y las manos de ella aparecieron en su nuca. Ya no importaba ver, no importaba mi ojo telescópico ni mi carencia de audífonos para escuchar lo que quizás no fueran a decirse. Ella le acercó hacia sí y supe que se besaban sin importar que yo mirara desde acá- yo ¿Qué era? ¿Qué podía determinar? Nada, absolutamente nada, conclusivamente nada. 

Yo era el espectador que se seca tímidamente las lágrimas mientras el encargado del proyector recoge las cintas. No era nada, por eso se besaron. Ella lo abrazó muy fuerte y quedaron así, intactos y felices, y yo era tan feliz, curiosamente era feliz de verlos. El recostándose sobre ella y yo viendo sus rostros, sonriendo, ella besándole la oreja mientras él se estremecía y viraba la cabeza para besarla y quedarse así, tan quietos, murmurando cosas al oído para esperar el alba, asistir juntos al alba mientras Alma dormía. Alma, tan tonta, quien no es capaz de presenciar un nacimiento no puede comprender nada. Y yo asistí al nacimiento, estuve cuando el cielo empezó a clarear y los gorriones salieron de sus nidos y ellos se levantaron del piso. Ella estiró el cuero y colocó las manos encima de la reja del balcón para gritarle algo al día que empezaba, mientras el la miraba con ternura, recostado en la pared. Luego volvieron a abrazarse, ella le tomó por la espalda y caminaron hacia adentro, fueron perdiéndose, corrieron las cortinas, alejándose de mí, de mi ojo de cristal lleno de la luz de la mañana, sin la tenue lámpara. Me quedé en el balcón sorprendido por el amanecer, sin estrellas cómplices de mi afán de profanar espacios ajenos, sin el hombre y la mujer, que estaría tendidos en la cama, no sé si haciendo el amor, tal vez durmiendo, qué importa pero ella no volvió a levantarse, no volvió al balcón a fumar como al final de cada madrugada. Me dejó solo esperando su regreso. Me dejó solo como estoy. Solo. Unos momentos solos y ya no hacía falta el ojo de la noche para descubrir los carros que comenzaban a transitar por la avenida, los viejitos sacando sus perros a pasear, los despertadores sonando, los radios anunciando las noticias matutinas y Alma arremolinándose en la cama.

Cuando Alma se levantó, yo aún estaba afuera.
-Oye, tú deberías buscarte un trabajo de guardia nocturno, sería perfecto para ti, estas más loco… Ve preparando el desayuno, anda…
Se metió en el baño y continué en el balcón. Al rato salió con la falda puesta y la toalla colgando al hombro.
-¿Pero todavía estás ahí? Mi vida, se ve que tú no tienes que trabajar temprano, ¿Qué preparaste?
Me recosté en la puerta y la miré mientras se ponía los zapatos.
-Vete, Alma.
Ella siguió con los zapatos.
-Claro, me voy a trabajar, anda, ¿ya tienes el desayuno?, para que te vayas a dormir que tienes unas ojeras…
-No, Alma, vete, quiero que te vayas.
Levantó la vista de mala gana.
-¿Qué pasa amor?
-Quiero que te vayas… que lo recojas todo y no vuelvas… que te vayas.
Alma se incorporó y me miró con una semisonrisa.
-¿Qué pasa? ¿Las estrellas te están afectando la cabeza o qué? –No dije nada, ella suspiró y se levantó caminando hacia mí con los brazos abiertos-. Vamos a ver ¿qué le pasa a mi astrónomo? ¿Estás muy cansado?
Esquivé su cuerpo.
-Estoy cansado de ti y, además, no soy astrónomo.
Entonces se detuvo mirándome molesta.
-¿Qué es esto?, ¿estás hablando en serio?
-Sí, quiero que te vayas, que lo recojas todo y me dejes solo, Alma, que te vayas!
-¿Pero por qué?
Comenzó a impacientarse, en cambio yo estaba sentado como el amanecer. Me senté en la cama mientras ella continuaba de pie a medio vestir. Soporte a un hombre que se pasa la noche despierto, la noche se hizo para dormir y para templar, ¿oíste?, sigue así, que te vas a joder más de lo que estás, por eso me voy al carajo de aquí…
Le di la espalda al balcón de mi vecina y miré a Alma con la maleta en mano.
-Se te queda esto –señalé el telescopio-, es tuyo.
-Quédatelo… yo para qué quiero esa mierda… Voy echando…


Alma salió del cuarto dando un portazo. No quiso llevarse el telescopio, pensó que no le hacía falta y quizás tenía razón, ciertamente a ella no le hacía falta, pero a mí tampoco. Ya no lo necesitaba más. En las noches siguientes, las cortinas del apartamento de enfrente no estuvieron más abiertas. Yo percibía la luz encenderse y apagarse, pero ya sin el ojo de cristal. Me paraba un rato en el balcón a ver las calles, el parque lleno de árboles, la avenida sin autos, y sabía que del lado de allá alguna luz encendería para luego apagarse, así toda la noche, aunque ya yo no fuera el fisgón, aunque ya no estuviera en el balcón para enterarme de todo, yo lo sabía. Sabía perfectamente que mi vecina no se iría a fumar y lanzar las colillas a la calle. Ya no le hacía falta, por eso cerraba los ojos, sonreía y me dormía, mientras en el balcón, el ojo de la noche continuaba solo espiando el nacimiento de la mañana.