sábado

El mensajero




-Abuela, ¿qué haces sentada ahí? –me atreví a preguntarle un día.
-Espero a mi colibrí –contestó sin voltear a verme.
Comenzamos a preocuparnos, creímos que estaba perdiendo la cabeza por tantas horas de espera frente a la jacaranda.

Una tarde, mi madre y yo, nos quedamos observándola desde la ventana de la cocina. Para nuestra enorme sorpresa, un hermoso colibrí azul y verde, voló frente a su rostro por un par de minutos, acerco su pico a la mejilla de mi abuela y salió volando. Quedamos boquiabiertos, observándonos el uno a otro, sin dar crédito a lo que acabábamos de ver.

Mi abuela, al darse cuenta de nuestra expresión, se acercó con una peculiar sonrisa enmarcada por su cabello color plata y dijo:
-Ese colibrí me trae mensajes de mis padres, me dicen que todo estará bien y, en el momento preciso, estaremos juntos de nuevo –concluyó con voz tranquila y un toque de emoción.

Meses después de aquella tarde mi abuela falleció, desde entonces yo era quien esperaba ansiosamente sentado frente al enorme árbol de jacaranda, con la mirada perdida, lleno de tristeza, pero con la ilusión de la visita de ese colibrí.

lunes

Nubes

El fulgor de las estrellas en medio de las montañas provocó en mí un sentimiento algodonoso. El mundo de los sueños y el mundo de las cafeteras eléctricas eran uno solo. Estaba ebrio de universo. En los patrones de las nubes me pareció reconocer a todas las cosas, así como al firmamento que nace cuando cierro los ojos. Pensé que los campos de algodón eran las nubes de la tierra y que por lo tanto estamos vestidos de nubes. Eso pensé. ¿Y qué son los pensamientos sino las nubes que llevamos dentro?

Me interesan los viajes por la experiencia en sí, con sus maravillas y terrores, sus encantos y desilusiones, su energía, su cansancio, su desamparo.

Pero el desamparo no está en la partida ni en el camino, tampoco en la lejanía: está en el regreso. Porque al regresar uno se pregunta si realmente está regresando, si su casa es su casa, si hay tal cosa como una casa en alguna parte para uno.

Tengo un anhelo: que salgan raíces de mis pies como un tubérculo.

Pero soy un pájaro

domingo

Relaciones rotas





Es raro volver a ser extraños, el tener a quién contarle todo en el momento en el que pasa y de repente no

Toda tu vida cambia, debes ignorar ciertas canciones olores e imágenes que te traen recuerdos, suprimir sensaciones y reconsiderar tus placeres

Puedes tener paisajes, situaciones y personas geniales enfrente de ti y tener la cabeza y el corazón en otro lado. A veces cuando no superamos a alguien se nos olvida que esa persona decidió no estar ahí.

Ojala la velocidad para olvidar fueran tan fácil de calcular como distancie entre tiempo pero el desamor no es una ciencia exacta

Perdemos una relación por falta de tiempo, perdemos por miedo a perder, perdemos por encontrarnos a nosotros mismos. Durante un rompimiento hasta la esperanza duele, la esperanza de haber cometido un error al terminar y duele porque esta se vuelve una simple duda y termina en un silencio incomodo el cual podría durar toda la vida

Un te extraño es una bomba sin usar, el dolor de un corazón roto no se distingue entre países, cualquier persona no importa el nivel socioeconómico o religión se podría identificar con este tipo de dolor tan característico, un corazón roto de los que pesan mucho y confunden, con el cual los sentimientos no se pueden reciclar pero tampoco son desechables

Pero porque catalogar una relación como un error cuando es solo una historia que nos acerca a la única solución para nuestra mortalidad, lo único que nos hace sentir salvados... el amor


viernes

Elecciones


Hace unos días dejé ir una buena oportunidad de trabajo en “la gran ciudad” por un viaje que no sé si llegaré a realizar. Lo preferí mil veces. A una de mis mejores amigas le extrañó mi decisión. Me dijo que ella habría preferido la vacante. Eso me dejó pensando

Es obvio, pero conviene recordarlo: no se puede tenerlo todo. En la vida hay que elegir, hacer sacrificios, apostarle a algo. No siempre somos conscientes de ello, pero todo el tiempo tomamos decisiones que cambian nuestra vida para bien o para mal, mucho o poco

Y eso aplica para todo, incluso para el amor. Por eso la fidelidad y el matrimonio no me parecen ideas tan descabelladas. Porque son exactamente como todas las demás cosas en nuestra vida: una elección, una apuesta, un compromiso. Es sacrificar cosas que no consideramos tan importantes por algo que creemos que vale realmente la pena. Es dejar ir esa propuesta de trabajo y jugártela todo por el viaje

Todavía no encuentro a una mujer por la que me nazca hacer algo así, ni sé si la encontraré. Tampoco sé si mis ojos por fin podrán ver esa isla en medio del pacífico. Pero de algo sí estoy seguro: si hago ese viaje, y si encuentro a esa mujer, será un placer no tenerlo todo

PD: No me gustan los puntos finales porque me saben tan definitivos

lunes

Quizá

Siempre hay un señor en el público que tose. Solía creer que era siempre el mismo señor en todos los teatros. Que a eso se dedicaba: a recorrer cada teatro del mundo solo para toser. Quizá le pagan. Quizá una función no puede empezar sin ese señor que tose, me decía. Pero ahora que lo pienso es una idea un tanto descabellada. Lo más probable es que haya una asociación secreta de señores que tosen y que a cada obra teatral le sea asignado un señor diferente. Imagino que en dicha asociación reciben capacitación para toser con naturalidad y son evaluados en base a su desempeño. No me extrañaría que también hubiera una asociación secreta de bebés que lloran. O una asociación secreta de Carlos que se enamoran

Cartas para el interior


Hoy desperté sobresaltada sintiendo a los gorriones del árbol de la esquina, los gorriones, Nonó, ¿te acuerdas?, aquellos que nos despertaban cuando el árbol aún estaba en la esquina, antes de que el vecindario se levantara en armas y lo declarara indeseable, y los choferes protestaran porque sus parabrisas amanecían llenos de recuerdos de los pájaros cantores, y las vecinas alegaran que la acera se llenaba de hojas secas que ensuciaban el barrio, y el tipo de la esquina protestara porque los niños tiraban piedras a su casa tratando de cazar pajaritos, y todos, Nonó, todos excepto tú y yo, le declararan la guerra absurda al árbol y sus chillidos de mañana, todos, excepto tú y yo, se afanaran buscando sierras para preparar la ejecución del viejo roble mientras tú colgabas en la ventana el cartel "crezcan los árboles y no los edificios" y preparabas tu alegoría de defensa del árbol que luego se convirtió en réquiem, en epitafio recitado por ti mientras los otros buscaban un camión para llevarse el tronco mutilado, los gorriones emigraban con espanto y tú y yo llorábamos la pérdida del historiador del barrio, del anunciador de la mañana, el único capaz de hacernos abrir los ojos, Nonó, y descubrir el nuevo día, el trueque de estaciones...

Por eso hoy no sé si es invierno o primavera, si es lluvia o época de apareamiento, no sé, Nonó, es que hoy los gorriones no estaban, ni las hojas secas en el piso, ni el verde, ni siquiera tú, mi hombre de agua, ni siquiera tú, Nonó.

Ahora te llamo como me da la gana, ahora ya no vas a ponerme la cara seria ni vas a hacerte el que no escuchas cuando te llamo, Nonó, nunca te gustó ese nombre, decías que recordaba una tonta novela brasileña, pero tú lo provocaste, fuiste tú, hace tiempo ya, cuando nos conocimos, yo estaba en el cine, ¿recuerdas?, había ido a ver una película que apenas retuve, sólo sé que el personaje se llamaba Maximiliano y yo estaba sentada donde siempre, a la derecha en la parte de arriba, donde casi nunca hay nadie y por eso todos los asientos a mi alrededor están vacíos, entonces como a quince minutos de comenzada la película apareciste para sentarte junto a mí, pensé que eras uno de esos masturbadores que van al cine de noche, te miré y me corrí dos asientos hacia un lado y a los cinco minutos volviste a colocarte junto a mí, no sé por qué sospechabas que no me gustan los escándalos, por qué sabías que iba a mirarte nuevamente y a correrme tres asientos sin decir nada, aunque molesta porque mi atención quedaba dividida entre la película y tú que sonreías y volvías a mi lado, fue así, Nonó, toda la noche, yo mudando de asiento y tú persiguiéndome por la banda del cine, yo podía haber llamado a la acomodadora, haberme levantado para gritar de rabia, pero en lugar de esto te seguí el juego y dejó de importarme la suerte del Maximiliano que aún ignoro, dejó de importarme porque entonces me preguntaba qué pasaría cuando se acabaran los asientos de la banda derecha, como se acabaron y entonces me trasladé hacia la del centro y tú tras de mí, riendo bajito sin mirarme, así toda la película hasta que llegó al fin, encendieron las luces de la sala y comentaste, "tremendo filme, pero ya lo había visto", te levantaste sin mirarme mientras yo te miraba sorprendida, confusa, llena de rabia por haberme hecho perder toda la noche, habérnosla hecho perder a los dos, porque si al menos hubieras sido uno de los masturbadores entonces tendría sentido, pero ni eso, yo era la tonta y tú el idiota que se acercó a mí, cuando ya caminaba por la acera, aún furiosa, para decirme, "hola, yo soy Maximiliano", con la mayor de las sonrisas.

Entonces me detuve, entonces te miré llena de cólera y te dije, "¿ah, sí?, pues yo soy María Carlota de Bélgica, emperatriz de México y América, yo soy María Carlota Amelia, prima de la reina de Inglaterra, Gran Maestre de la Cruz de San Carlos y virreina de las provincias del Lombardovéneto acogidas por la piedad y la clemencia austríacas bajo las alas del águila bicéfala de la casa de Habsburgo!, te dije esto sin casi respirar y tuviste que aguantar la carcajada para decirme "la película no era muy buena, virreina, si quiere se la cuento o si prefiere podemos irnos a conversar de cualquier otra cosa, yo no soy Maximiliano, pero quizás sea el cartero que le trae noticias del imperio...", y no eras Maximiliano ciertamente, como yo no era Carlota, ni la mujer de la película que nunca pude ver, yo era la que horas más tarde se reía contigo, la que te bautizó con el único nombre que podías tener, "serás Maximiliano para mí",

"Maximiliano no, que no me gusta", pero no me importó si no te gustaba como no te importó a ti si me gustaba ir al cine y pasar la noche cambiándome de asiento, "hoy comencé a leer Noticias del imperio y descubrí a Maximiliano, hoy vine a ver una película y encontré a Maximiliano, entonces apareciste tú, hoy sólo puedes llamarte, "Maximiliano", "Maximiliano no", yo me reía de tus réplicas, te hacía burlas, "Maximiliano, no, no, no, Maximiliano, sí, Maximiliano", y con el tiempo nunca dije tu nombre, siempre la broma a tus objeciones "no, no, Maximiliano, no", el juego de palabras, "Miliano, no, Liano, no", hasta que llegó, "no, no", y naciste Nonó para llamarte siempre así, aunque me miraras de mala cara, aunque no tuvieras más opción que resignarte al castigo por no dejarme ver la película que además nunca me contaste, aún tenemos esa deuda...

An tenemos tantas deudas, por eso sé que vas a regresar, nunca te gustó dejar las cosas inconclusas, como con los cuadros, te ponías a pintar en las mañanas y no abandonabas la habitación del fondo hasta que no hubieras acabado, permanecías semanas sin ver el sol para construirlo en el lienzo, así decías, y entonces el último día, después de la creación: el nacimiento que festejábamos con vino hecho por mí para adorar a las criaturas que salían de tus manos, yo inventaba la fiesta, ese día me llenaba de collares y de flores y me ponía el sombrero que tanto te gustaba, entonces repartía velas e incienso por la casa y sacaba las copas para brindar por la vida que surgía del cuarto del fondo, cenábamos en el piso, yo compraba de comer cualquier cosa que servía en los platos de porcelana, regalo de mi abuela.

Yo tan torpe, Nonó, siempre tan torpe que nunca pude invitarte a cenar como quería..., el otro día estaba en la cocina y me eché a llorar, soy tan tonta a veces, estaba picando unos tomates y me corté con el cuchillo grande que usabas cuando íbamos de vacaciones al monte, al mismo monte donde fuiste. Me puse a pensar que hubiera sido mejor picarlos con el cuchillo pequeño pero no sabía dónde estaba y no me importó tanto, la herida no importó, pero luego..., luego fui a freír un huevo y se armó una confusión terrible, de repente la yema se separó de la clara, no sé, traté de empujarla con una cuchara, pero la yema se rompió y entonces ya no era un huevo frito, creo que la sartén estaba muy caliente o quizás le faltaba grasa, el asunto fue que aquello empezó a quemarse por un lado mientras el otro permanecía crudo y blando y yo sentí tanta tristeza que lo eché todo al fregadero y me largué a llorar como una imbécil, y es que es tan fácil hacer un huevo frito, si hubieras estado allí te estarías riendo de mi torpeza, porque sigo siendo torpe, Nonó, y la cocina me sigue pareciendo una nave espacial o un examen de química, mi fábrica de vinos caseros, el lugar donde se hace té o café y se pica el pan para ponerle adentro cualquier cosa que entretenga el hambre.

Como en los primeros tiempos, llevabas una semana viviendo en casa y yo dándote de mis tisanas con miel y pan tostado, un día te quedaste dándole vueltas a la cucharita del té, así como en un poema, mientras yo bebía y volvía a servirme, entonces me miraste seriamente, pregunté si querías más miel y sonreíste, "quiero comer, ¿tú no tienes hambre?", y sí tenía hambre, pero me daba igual, sólo que a ti no te daba lo mismo, fuiste a la calle y esa noche preparaste nuestra primera cena, yo puse la mesa y nos sentamos a comer, "comer es uno de los mejores placeres de la vida", decías y tenías razón cuando salía de tus manos, porque recuerdo aquella vez, no estabas en casa y traté de sorprenderte, construir un pedacito de la nada que te hiciera feliz, pasé toda la tarde en la cocina maldiciendo las carencias de productos preelaborados, de esos que solo necesitan agua caliente para crecer y listos, a comer, la cocina más rápida y eficaz para aprendices y vagos, pero yo no tenía nada de eso, así es que pasé la tarde entre ajos, cebollas y el calor del verano para regalarte a tu regreso la comida que tragaste con sonrisas y elogios a mi disposición, estuve feliz, Nonó, pero en la noche cuando me abrazabas antes de cerrar los ojos, me besaste los párpados y con tanta ternura, con tanto amor en las palabras dijiste a mi oído que los frijoles necesitaban más tiempo para ablandarse bien, que el arroz tenía un tiempo para no quemarse tanto y que antes de hacer una tortilla de papas había que freír las papas, lo dijiste con tanto amor, Nonó, tanta delicadeza para no herirme, pero a mí se me hizo un nudo en la garganta y me sentí tan tonta, tan inhábil, que luego pasé una semana sin querer comer, eludiendo todos tus intentos de hacerme reír mientras lanzabas una tortilla de la sartén y la virabas en el aire, y proponías ser mi maestro de cocina y yo tu maestra vinatera porque no había nadie en el mundo capaz de hacer vinos con lo que yo los hacía.

Claro que si aprendía a cocinar sería el ser perfecto, yo alegaba que entonces sería aburrida, "tonta, estamos tan lejos de la perfección que no vamos a tener tiempo de aburrirnos" y tenías razón, por eso no dejo de arrepentirme de cuando me regalaste el libro de cocina y a mí me pareció tal humillación que lo lancé al piso diciéndote que nunca iba a convertirme en la cocinera de nadie, que esos eran regalos para sirvientas o amas de casa, ¿la cocinera de quién?, pregunto ahora, siempre soy tan torpe..., ¿la cocinera de quién?, si ya volví a mis tisanas y mi pan tostado y no quiero entrar a la cocina porque me pongo a llorar como una imbécil, porque todo tiene tus huellas, Nonó, y es que me haces falta, no para comer, ya sabes, como para sobrevivir y te juro que aprendo a cocinar, no para ti sino para mí, como decías, pero si tú no estás yo ya no tengo ganas, Nonó, no tengo ganas...

Tuve que parar de escribirte para buscar un pañuelo, es que..., me he vuelto un poco sentimental en estos días, no sé por qué..., pero cuando abrí la gaveta tuve que reírme, ¿sabes qué encontré?, estaba revolviendo las cosas en busca del pañuelo y encontré aquel poema que me hiciste, "El mar no cabe en un cartucho", creo que es uno de los pocos que escribiste, la de la poesía era yo, pero aquella vez te reíste tanto con mi historia que me dedicaste un poema, es que..., siempre me ocurren cosas tan extrañas, Nonó, te conté que era pequeña y la maestra pidió que lleváramos a la escuela cosas para limpiar el aula y los pupitres, ya sabes cómo es la escuela, entonces en lugar de pedirnos detergente o jabón, ella dijo que necesitábamos espuma, no sé por qué los mayores son tan poco exactos con los niños que son tan exactos, esa noche mientras me bañaba recogí toda la espuma que corría por mi cuerpo y llené un cartucho, estaba contenta, me contento a veces con tan pocas cosas, pero al otro día cuando llegué a la escuela sólo encontré rostros interrogantes ante mi cartucho vacío, sólo entonces descubrí que la espuma es efímera y estuve muy triste, el día que te hice la historia estábamos frente al mar, el mar es un gigante que impresiona.

Tú comenzaste a hablarme de su calma y su violencia, de sus horas de paz y sus horas de ira, y tenías razón, el mar es grande y tan libre, y cuando bate contra las rocas deja un rastro de espuma que se pierde en un instante, pero para que exista ese vaporoso y blanco burbujeo es preciso ser fuerte, es preciso invertir todo el aliento para encontrar la belleza, tenías razón, Nonó

"el mar es demasiado intenso como para caber en un cartucho, y la espuma permanecerá intacta aunque dure apenas un segundo", lo más hermoso es efímero pero nos cuesta tanto que se queda para siempre, como tú, Nonó...

Mi hombre de agua, te has convertido en espuma pero yo te quiero mar, el sabor de lo eterno siempre deja un rastro hueco y yo te quiero instante, no recuerdo, deja ya de jugar a ser espuma que el mar no cabe en un cartucho pero tú tampoco...

El otro día vinieron los amigos, Andrea llegó abriendo ventanas y sacudiendo el polvo, dice que parezco una ostra encerrada entre cuatro paredes, pero estoy bien así, el ruido de allá afuera no se cuela dentro de casa y eso me hace bien. Andrea preparó un almuerzo que te encantaría, ella sí sabe cocinar muy bien, estuvimos escuchando música y conversando toda la tarde, ellos querían llevarme de paseo pero logré convencerlos para quedarnos en casa, claro que esto me costó una pelea con nuestra amiga, dije que si salíamos de aquí tú no ibas a poder estar con nosotros y se puso brava conmigo, bravísima, Nonó, si la hubieras visto, ellos dicen que deje de mencionarte tanto, que lo que debo hacer es olvidarte, volverme a enamorar, construir otra vida, ¿te imaginas qué locura?

¿cómo voy a enamorarme otra vez si aún no he acabado de hacerlo?

Ellos no entienden, Nonó, nadie entiende nada de los otros aunque se lo proponga, para entender algo hay que estar adentro, por eso ellos no entienden, yo vivía en medio de mis desórdenes cotidianos, libre y feliz de cualquier cosa, sin darle tanta importancia a lo que en realidad no importa tanto, porque los amigos y tú también, a veces, se empeñaban en entender y encontrar explicaciones de todo lo que sucede, como si todo tuviera explicación, encontrarle las cuatro patas al gato, como si no hubiera gatos cojos, no sé por qué, Nonó, sin embargo yo, aunque a veces un poco torpe, es cierto, era feliz soñando envuelta en el reguero de libros y tazas sin fregar, pero no era feliz del todo, ahora lo sé, nunca se es totalmente libre si no se ama y yo no sabía hacerlo hasta que apareciste, hasta que llegaste y con los días todo fue mudando y es que se aprende a amar como se aprende a caminar o a reír, y yo, que era como una niña, ahora soy menos niña porque te amo, aprendí a hacerlo y ahora, ¿qué hago con tanto amor que llevo adentro?, ¿dónde lo pongo?, me hiciste un cesto para guardar la ropa sucia, un cesto para las revistas, un cesto hasta para guardar las hojas secas que me gusta recoger en los parques, pero, ¿en qué cesto meto el amor, Nonó?, ¿puedes decirme, ahora qué hago con tantos recuerdos dándome vueltas en la cabeza, tantos intentos de dormir y tú saltando desde las paredes, desde tus cuadros mirándome convertido en colores e imágenes que huyen del lienzo para meterse en mi cama donde tú ya no estás, ¿qué hago, Nonó?, ni los amigos ni siquiera tú van a poder decirme, por eso estoy confundida, ahora no sé cómo hacer, es que no sé organizarme, ¿ves?

Menseñaste a asistir al nacimiento del día, y ahora no sé si es de mañana o madrugada, y en verdad tampoco importa demasiado, Nonó, tú, mi orden, mi paz, mi ave fénix, mi regalo de los dioses, ¿por qué no vuelves?, yo puedo esforzarme y puedo incluso despertar antes que tú porque ahora no sé ni cuando despierto y en verdad valdría la pena no despertar nunca si tú no estás..., el otro día Raulito me dijo que le regalaron un perro, dice que va a traerlo por aquí y yo me puse a recordar, ¿te acuerdas de aquel día triste?, llegué a casa llena de lágrimas y culpa, es que cuando venía de regreso vi en medio de la avenida un perro agonizando, algún carro le había pasado por arriba pero aún estaba vivo y vi la angustia en su rostro, estaba muriendo pero aún allí sin poder hacer nada, echada su suerte a la suerte de una goma que finalmente le pasara por arriba para acabar con tanto desconsuelo y yo no podía hacer nada, podía quizás quitarlo del medio y condenarlo a la espera, al conteo final que es el más amargo, por eso llegué a casa culpable e infeliz, tú calmaste mi llanto, me besaste en la mejilla y saliste a la calle, cuando regresaste traías una bolsa con el perro muerto ya, lo enterramos al fondo de la casa, yo escribí su epitafio, ¿te acuerdas?, el mes siguiente en ese pedazo de tierra nacieron flores y entonces fui feliz, fui más feliz por el perro y por ti, por tenerte cerca, por saber que siempre estarías cerca, como me decías y nunca mentiste, por eso aún te espero...

Lo del perro es un recuerdo triste, no sé por qué te lo escribo si prometimos nunca hablar de él, hay otros recuerdos más alegres, como el de los gorriones, siempre nos gustaron los gorriones porque son libres, desordenados y felices, decías que yo había sido gorrión en una de mis vidas anteriores y eso me daba gracia, aunque ahora me gustaría, sí, me gustaría tener alas para salir a buscarte en cualquier árbol..., un día de vientos y lluvia, cuando aún existía el roble del barrio, llegamos a casa y encontramos dos gorriones tirados en la hierba, completamente mojados y con frío, los llevamos a casa para darles calor y comida, eran tan pequeñitos que nos sobraba una mano para sostenerlos, los llamamos Maximiliano y Carlota, por nuestra vieja historia, claro, era maravilloso descubrir cómo día a día empezaron a recuperar sus plumas, a veces tropezábamos con ellos caminando por la casa, ellos como dos inquilinos más usando nuestras cosas para dormir, hasta que un día, al volver de noche, ya no estaban, busqué en cada rincón, en cada hueco porque las ventanas estaban cerradas y no tenían por dónde salir, pero ni rastro, Maximiliano y Carlota partieron cuando estuvieron listos para el viaje, yo sentía algo de nostalgia porque no me dieron tiempo para despedirlos, pero tú decías que quien nace libre nunca necesitará una ventana abierta para volar, quien nace libre va a encontrar la forma de volver a su naturaleza y los gorriones son libres, por eso se echaron a volar juntos, Maximiliano y Carlota, como tú y yo, sólo que tú partiste y me dejaste sola, Nonó, me dejaste muy sola y con las alas marchitas.

Ahora en verdad ni siquiera sé por qué te escribo, me quedo en las noches dándole vueltas al papel, llenándolo de palabras torpes, y ni siquiera sé a dónde enviar tus cartas, te escribo y las echo en el cesto de las hojas secas, son casi lo mismo, y como hace días que no salgo a los parques no tengo nuevas hojas, de todas formas son casi lo mismo, todas se van marchitando, mudan de color y se hacen viejas como nosotros, cada día se nos cae una hoja del cuerpo, la historia de los árboles no está en su tronco sino en los cientos de estaciones que guardan las hojas caídas a su alrededor, las hojas que la gente barre inútilmente como nosotros con los recuerdos y tus recuerdos vagan por la casa, se suben al librero, desordenan la cocina, tropiezan conmigo y yo los dejo pasar, les doy un beso y luego les sonrío tristemente, porque siempre acabo triste, Nonó, como la zorra de Saint-Exupéry, la zorra que tú domesticaste acercándote cada día un poco más hasta que estuviste adentro, y ahora..., ahora no sé a qué hora vas a regresar, por eso mi corazón se mantiene agitado, pasan las cuatro, las cinco y las seis y ningún día es diferente de los otros, ninguna hora la tuya.., a veces me recuesto a la ventana de madrugada, es hermosa la ciudad dormida en la hora de los gatos, y siento que tú te revuelves en la cama pero no puedo virar el rostro, no puedo sentarme junto a ti como hacía antes para verte dormido, eras tan apacible, tan tierno siempre, Nonó, la zorra tenía razón, "si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco", pero ya yo he llorado demasiado y no es justo, no puedo ni quiero, sin ti, no quiero, no tengo ganas, simplemente no tengo ganas.., te vas a molestar si te digo que las flores del perro se marchitaron todas, todas de repente, que el libro que dejaste abierto en la mesita de noche no pienso guardarlo en el librero, que las arañas construyen ciudades encima de tus lienzos en el cuarto del fondo, que todo está intacto, Nonó, esperando por ti, todo, como yo que no encuentro el hilo para escapar del laberinto y tampoco quiero porque sé que vas a regresar, porque yo no soy Carlota ni tú Maximiliano y no voy a enloquecer respirando el aire de tu ausencia

El otro día Andrea me dijo que vendría el domingo a buscarme para llevarte flores al mar, ¿qué absurdo no crees, Nonó?, las flores son para los muertos, yo no tengo que llevarte flores a ninguna parte, ademas tu no fuiste al mar, Nonó, tu sigues ahí como cuando eramos niños, aferrado a un arbol, ahora luchando por salvar miles. O haciendo sabotajes en la selva como dijo la minera... no sé dónde estás, no me importa dónde estás, no quiero que me digan nada, ni que vengan todos tan torpes a pasarme la mano por la cabeza, por eso cierro las ventanas, para impedir que ellos pasen y tú escapes nuevamente y me siento a esperarte rodeada de tus cuadros porque sé que vas a regresar, me lo dijiste, "siempre vamos a estar juntos", ¿qué absurdo es este de convertirte en espuma?, sabes que detesto la espuma, Nonó, no me obligues ahora a detestar el mar, así que vuelve, tú sabes dónde encontrarme, yo estaré siempre sentada en la banda derecha de la parte de arriba, donde casi nunca hay nadie, y a mi alrededor los asientos están vacíos para que tú te sientes, siempre estaré allí o en cualquier parque recogiendo hojitas secas, regalo de los árboles, o llorando cualquier perro muerto en la avenida, o frente al mar, asistiendo al nacimiento de la espuma, o dando de comer a los gorriones, o en cualquier madrugada frente a la ventana te estaré esperando con un té con miel, o sentada en el piso, Nonó, encendiendo las velas y el incienso, con una botella de vino hecho por mí de cualquier cosa, y dos copas, para ti y para mí, y el sombrero que tanto te gustaba, esperando que se abra la puerta del cuarto del fondo y aparezcas tú, Nonó, mi Nonó, mi hombre de agua, mi bitácora, deja ya de ser espuma, por favor, y cuando puedas, regresa.

domingo

Encuentros súbitos

Lo segundo que supe de Viridiana, después de su nombre y antes de que me la presentara Felipe, fue que tenía una voz peculiar.

-Te voy a presentar a una amiga, se llama Viridiana, tiene una voz peculiar.

Viridiana era delgada como un suspiro, de cabello largo y quebrado, con ojos grandes y párpados caídos. Su voz era baja, gruesa y rasposa como lengua de gato. Hablaba despacio, midiendo la fuerza de su voz y de sus palabras, como olas rompiendo contra un acantilado.

Felipe salía con una amiga de Viridiana, y como en ese momento de mi vida yo no tenía nada mejor que hacer que acompañar a Felipe, comenzamos a frecuentarnos los cuatro, y como pasa siempre en esas cosas que pasan sin darse cuenta, de pronto Viridiana y yo salíamos sin Felipe ni su amiga.

Pasaba a recogerla a su casa y caminábamos por su colonia, que era muy bonita. Recuerdo las calles de adoquín y las banquetas rotas por las jacarandas que tapizaban el suelo de violeta. Dábamos vueltas a la manzana y regresábamos a su casa a sentarnos sobre la caja de una camioneta abandonada bajo una de las jacarandas, que era muy baja y tupida. Ahí seguíamos platicando hasta que se prendían los faroles de su calle y su voz densa y obscura se mezclaba con la umbra.

Una noche, en la obscuridad debajo de esa jacaranda y como pasa siempre en esas cosas que pasan sin darse cuenta, le dije que la quería. Ella dijo que sentía lo mismo.

Un par de días después, me dijo que en realidad no lo sentía.

Yo hice lo que mejor sabía hacer en esos casos. Di la vuelta sin decir palabra y me fui de su vida.

Hace unos años, caminando por un centro comercial, escuché esa voz baja, gruesa y rasposa como lengua de gato. Busqué a Viridiana con la mirada pero no la encontré. Lo que encontré fue a una extraña que pasó de largo sin reconocerme. En ese momento me di cuenta de que realmente nunca la conocí. Nunca supe su nombre completo, nunca supe la fecha de su cumpleaños o su comida favorita o su color preferido o qué quería hacer de su vida. Puedo recordar cada inflexión de su voz, cada tono, el sonido de cada palabra suave y pesada, pero no recuerdo lo que nos dijimos tantas noches.


Tal vez sea porque mi voz nunca dijo nada que importara, nada que nos hiciera recordarnos más allá de aquella jacaranda. O tal vez, como pasa siempre en esas cosas que pasan sin darse cuenta, sea porque lo último que dijo fue lo último que nos importó

jueves

Te que voy a contar yo, que no sepas tu

Podría empezar describiendo tu forma de dormir pero entonces, me faltarían versos, metáforas y adjetivos. Podría describir tus labios, decirte que me pierdo en ellos cada vez que los recorro con la mirada, confesarte que fue en lo primero que me fijé cuando te tuve enfrente, pero entonces, tus ojos, que viven un poco más arriba, me pedirían explicaciones del por qué no les nombro a ellos
-No creo que exista nada capaz de hacerle justicia a tus ojos,
y ese es el único motivo por el que no soy capaz de describir el océano que escondes en ellos-
Tus formas me arrebatan la razón cuando creo tenerla, me hacen perder la cabeza, la orientación y los modales
-cómo no voy a perderme por la ciudad cuando sé que estoy yendo en dirección tu cuerpo-
A veces imagino cómo sería ser cualquier otra persona y poder hablar contigo sin pensar en besarte a cada segundo, si tuviese valor para hablar de tus dudas, te diría que me encantan porque siempre acaban ganando tus ganas, te diría, que cuando me miras con tono serio yo te miro con tono yo, que viene a ser jodidamente enamorado de todos tus tonos

miércoles

Carta a mis hijos

Pensé que estudiarías otra carrera, una de verdad y no esa por más que te haga feliz, pensé que serías más alto
mejor persona, más valiente y menos tímida, más audaz que el resto, menos ínfima

Cuántas veces has oído que no puedes, que no debes, si no prefieres mejor esto a lo que tienes, que se baje el mundo de este tren y no tú, porque este tren es sólo tuyo

A mis futuros hijos les diré que estudien sobre todo, la manera de ser fieles a sí mismos, les diré que se equivoquen, que rectifiquen, que a veces para aprender a perdonar, es necesario sentir el perdón primero

Les diré que les hicimos un corazón con alas, que un día alguien se las romperá  y que no pasa nada, que todo pasa, que no tengan miedo a llorar porque somos agua, que el Amor es la única religión que acepta a quien quieras amar les diré que escuchen con atención y que aprendan a callar, que el silencio es un lenguaje que pocos saben apreciar

Les hablaré de ti, y de ti, y de ti, porque tienen que saber que antes de la calma hubo tormenta y que hasta las peores épocas hacen de uno lo que uno es, que no se arrepientan ni siquiera de no haberlo intentado, porque no haberlo intentado sirve para darse cuenta de que no sirve de nada no intentarlo, y por tanto tiene también su utilidad

Que habrá días que se sientan solos, que solos tendrán que aprender a quererse porque sólo el amor propio te hace valorar el amor ajeno

Que cierren los ojos e imaginen otros mundos, que vean la ignorancia del que juzga y se cree superior, que ningún color de piel se escapa de la gama del ser humano, que ninguna condición sexual, ideología o raza es mejor que otra y que la condena del que no ve más allá es ser portador de esa misma ceguera

Les diré que yo también tuve su edad y conocí el rechazo, les diré que salten, que pinten, que lean y que bailen como bailan sus padres. Les diré que cuando la conocí vi un océano en su piel y que ellos son el fruto de nadar por ella, de nadar con ella, les diré que ya los queríamos antes de que nacieran y que del mismo modo les seguiremos queriendo cuando ya no estemos

Les diré que son nuestro legado, que sólo quien te quiere te quiere libre, que el orgullo es un disfraz que espero que no hereden y que no guarden rencor porque un día necesitarán espacio y si bien lo malo ocupa lugar lo bueno crea habitaciones nuevas en el pecho

Les diré que un día escribí esta carta porque la noche anterior vi a su madre dormir y le besé la tripa y en ese beso les decía esto, sé que faltan años para conocernos, pero de algún modo... ya los queremos


martes

EL MEJOR EN todo, el peor en NADA

Me educaron para ser el primero. Para convertir a los demás en segundos, en últimos

Me dijeron tienes que ser mejor, que los otros. Me dieron números para que pudiera cuantificar mis éxitos en sus fracasos

Me instauraron la jerarquía como paradigma de la responsabilidad. Y la burla para cualquier tipo de duda. Y las dudas, me las enseñaron como signo de debilidad

Tengo un dibujo de mí mismo lleno de cosas que me dijeron y ahora aprendo a desaprender: el hogar, la risa, el camino

Pero no hay hábito de silencio en este refugio
Subo la música a los problemas
Y ahora que me he visto desnudo
poco a poco
me desvisto

domingo

Espacio ante la insertidumbre

Saber cuando mantener distancia es primordial para no convertirte en tu peor enemigo y al contrarío, tu mejor amigo. Ese que siempre te pondrá en primer lugar, no de una manera egoísta, pero si el que elija entre ti u otra persona cuando esa persona te pone en una situación dolorosa.

Dejarle a una persona, por cariño, por deseo de estar con ella, el que te jerarquice en su vida, cuando en esa situación solo el primer lugar te hará feliz, es dejarle a otro tu felicidad y tu paz. Por eso alejarse, para tener mas claridad, para que tu seas el responsable de tu felicidad y no otros. No esclavizarse del amor o la obsesión.

Y ya una ves fuera de esa situación, respirar, descansar del desgaste de sentimientos negativos.

viernes

Besos de salva

Ningún estudiante será detenido esta noche en México cuando la mujer que quiero se acerque y la bese en el centro, las patrullas huirán acosadas por ordas de niños salvajes 

La bese y sienta que cae el despotismo, la bese y se apagen las luces de la ciudad, la bese tan alto que quiebren las bolsas, la muerte y desaparezca el dinero

Se va a caer el sistema si ella se entrega con besos pedrada contra los lunes, con besos de lapa bajo los coches, con besos de salva contra las balas, con besos tornillo contra la usura 

Se va a caer, en serio, se va a caer se están despertando los osos del viento estamos a punto de vivirnos, si me sigues mirando tan alto se va a caer México, se va a venir al suelo

martes

Ella cantaba mientras el mundo se derrumbaba

(Nota: activar el playlist que esta al final :p)

Nina cantaba un blues en la habitación del otro lado. Del lado de acá estaba yo tarareando. Entre mi habitación y la de Nina había un pasillo largo. En el pasillo estabas tú que caminabas de un lado a otro y volvías a empezar. Murmurabas frases entrecortadas y rabiosas. Bufabas una inconformidad apenas declarada. No sé qué te pasaba, pero de seguro debería ocurrirte algo como cada noche. Mientras tanto, yo era todo oídos (para Nina). Tú caminabas así, como si de tanto andar se hiciera un surco grande que atravesara los pisos más abajo y te llevara al centro de la tierra y en el centro de la tierra quizás encontrarías algo que aquí arriba, ciertamente, no te empeñabas en buscar.

Nina cantando y yo cerré los ojos. Cerrar los ojos es transportarse hacia otro sitio. Es colocarse en el justo lugar donde desde afuera puedes observarte y descubrirte. Tú seguiste caminando y repartiendo colillas por el piso que no se me ocurre pensar quién barrería luego. Aunque la imagen me da gracia también me aflige haber sido yo quien te contagiara ese vicio. 

Mientras el vecino de abajo comenzó a golpear levemente porque en su techo se sentían pasos continuados y esto le impedía dormir. Dormir es también transportarse hacia otro sitio. Cuando no se puede dormir uno se molesta y el vecino de abajo golpeó entonces más fuerte para que cesara el rumor encima de su cabeza.

Nosotros no percibimos el ruido. Nina Simone tocaba el piano y sentí que mi concentración alcanzaba un punto extremo. Hay un momento del día en que el cotidiano debe quedar excluido para no morir de estrés. Mi cuerpo astral comenzó a levitar. Tú aplastaste la colilla con el tacón. El tacón dio tal golpe en el techo del vecino que éste no pudo hacer otra cosa que salir al balcón y pedir silencio a gritos. Tanto aire tenía en los pulmones que el niño de la vecina de al lado del vecino de abajo interrumpió su sueño bruscamente y comenzó a llorar. La vecina encendió la luz y fue a calmar al bebé, mientras su marido salió al balcón furiosamente para callar al de al lado que no dejaba dormir a estas horas de la noche.

Nina no cesaba de cantar y tiene una voz tan dulce, que apenas sentí tus injurias cuando por poco te quemas con el nuevo cigarro que acababas de encender. Tú pendiendo siempre de bastones terrenales, sin saber que es más fácil intentar entrar en armonía con uno mismo para alcanzar el equilibrio. El vecino de abajo discutía balcón a balcón con su vecino, mientras el niño lloraba fuerte y cada vez más, hasta que la señora de arriba se despertó. La señora de al lado de nosotros, ésa que padece todas las enfermedades. Abrió los ojos en medio de la noche y al sentir el bebé de los de abajo y los gritos de los otros, pensó que en el edificio había fuego, gimió aterrorizada y se desmayó. Su nieta se levantó corriendo al sentir el grito y al descubrir a la abuela en el piso, salió al balcón a pedir socorro.

Yo sonreí porque Nina hace con la voz lo que le da la gana. Me permite andarme lejos, un poco lejos de los otros y más cerca de mí mismo. En un sitio distante donde sólo hay una voz que canta y todo es consonancia. Tú tosiste como cada vez que fumas en exceso. El vecino de abajo amenazó al vecino de al lado con darle un golpe. El bebé lloraba desconsoladamente, pero su madre sintió los gritos de socorro de la nieta de la señora de arriba y también salió al balcón. Su marido invitaba al vecino de al lado a terminar a puños la discusión en la calle. La nieta de arriba pedía una ambulancia y entonces en el edificio de enfrente comenzaron a encenderse algunas luces. El padre de los gemelos salió a la calle en pijama preguntando qué ocurría. Los gemelos aprovecharon para salir al portal.


Cada vez que Nina canta siento como si el mundo fuera otra cosa. Y en realidad es otra cosa, un poco más simple, un poco más humano. Sólo que tenemos demasiados vicios. Demasiadas preguntas sin respuesta. Un exceso de materialidad y cierto terror a lo precario. Tú fumas y caminas como si no pasara nada, siempre nerviosa, siempre enojada, sin sentir esta paz adonde me transporto. Sin sentir ni siquiera las malas palabras de la gorda madre de los gemelos para hacerlos entrar en casa en el mismo momento en que el marido de la vecina tiró una maceta al balcón del vecino de abajo. El bebé gritó más fuerte, porque su madre lo zarandeaba intentando sostener a su marido, mientras la de arriba voceaba tristemente pidiendo una ambulancia y el padre de los gemelos, con ese timbre potente, invitó a los de la cuadra a telefonear. En esos momentos, claro, luego de las malas palabras de la madre de los gemelos, ya el edificio de enfrente estaba en pie. Unos de parte del vecino de abajo. Otros del padre del bebé. Otros de la nieta de la señora desmayada. Y otros en contra de la gorda madre de los gemelos más insoportables de todo el edificio.

No sé por qué tanta gente olvida que existen los poetas, pero Nina no. Ella hace poesía y yo recuesto la cabeza. El último día del mundo existirá un poeta que escribirá la historia. Luego todo tendrá que empezar. Recomenzarán los signos y las emociones. Entonces volverás a caminar y a fumar, pero quizás encuentres soluciones o al menos esperanzas. Hoy sólo caminas mientras el vecino de abajo sale a la calle acompañado del de al lado y se empieza a sentir la sirena de la ambulancia que viene de muy lejos y toda la cuadra está en pie. Los muchachos de la esquina hacen apuestas por el de abajo o por el marido de la madre del niño. Y la madre del niño está también en la calle con una bata transparente y en brazos su bebé que no cesa de llorar, mientras la madre de los gemelos se acerca para calmarla. Los gemelos aprovechan para salir otra vez y su padre se une a otros hombres para buscar a la señora desmayada. Las esposas quieren todas consolar a la pobre nieta que ahora grita, porque descubre que su abuela se ha levantado y en medio de tanta confusión ha llamado a los bomberos. Y ya se siente la sirena.

Tan simple Nina. Todo tan simple y cuánto cuesta entenderlo. Mientras sigas cantando para mí me mantendré a salvo. Las cosas más complejas suelen tener las explicaciones más simples. 

Transmitir un sentimiento puede resultar lo más natural del mundo y de tan natural necesitamos inventarnos sentimientos ajenos. Cosas difíciles como el silencio y la incomodidad de ella que camina por el pasillo y vuelve a aplastar fuertemente una colilla contra el techo del vecino de abajo. Pero el vecino de abajo no se molesta, porque acaba de recibir un golpe en el centro del estómago del puño del padre del bebé, que ahora está en brazos de la madre de los gemelos. Y los gemelos se divierten observando los cuerpos detrás de las batas transparentes de las mujeres que están en la calle. Uno de los esposos de las mujeres dice que esto no puede continuar y llama a la policía, mientras la nieta de la señora de arriba de los vecinos que viven al lado del vecino de abajo, trata de disculparse con los hombres que fueron a socorrer a su abuela. Su abuela siente la sirena y nadie puede definir si es la ambulancia, los bomberos o la policía.

Es la última canción. Cuando se acerca el final, algo se me queda adentro. Algo que es mío y soy yo. Cuando abra los ojos el mundo será distinto, Nina. Cada imagen primaria es una imagen diferente y tiene que ser mejor. Tú enciendes el último cigarro y tiras la cajetilla al piso para hacerle compañía al montón de colillas que no se me ocurre pensar quién barrerá mañana. Mañana será diferente. Seguramente el vecino de abajo recuperará el aire de sus pulmones en el hospital adonde lo conduce la ambulancia. El vecino de al lado del vecino de abajo pagará la multa que le puso la policía por escándalo público. Los bomberos se contarán la historia del rescate de dos gemelos subidos en un poste para tratar de verle el escote a la muchacha del primer piso del edificio de la esquina. La nieta de la señora de al lado, que vive arriba de la madre del niño de al lado del vecino de abajo, dará pastillas a su abuela para que tenga un sueño feliz. El padre de los gemelos peleará con su mujer acusándola de irresponsable y además de haber salido a la calle exhibiendo sus carnes. Los demás hombres se darán los buenos días y sonreirán pensando que vieron a las mujeres de los otros casi en ropa interior. Las mujeres irán al mercado a comprarse nueva ropa interior (mejor que la de sus vecinas). Yo volveré a escuchar el disco The greatest hits de Nina Simone. Tú seguirás fumando. Seguramente mañana será distinto. Ahora el disco ha terminado y yo incorporo la cabeza.

- ¿Te sucede algo?

- Estoy un poco preocupada, cada día que pasa siento que las cosas van peor, no sé, siento que el trabajo me asfixia, la ciudad, el mundo todo me asfixia, y para colmo se me acabaron los cigarros.

- No te preocupes amor, mañana será otro día, ahora vamos a dormir


jueves

En busca del tiempo perdido y Marcel Proust


Ahora resulta que el chismográfo de la primaria tenía un origen y un propósito mas loable que el descubrir lo que le gustaba a tu crush de escuela. Y es que pensándolo bien hasta la palabra en si tiene su encanto. Del sustantivo “chisme”y del sufijo “grafo” del griego “γραφος” (graphos) de la raíz de “γραφειν” (graphein) escribir, no cualquier niño esboza una palabra tan autentica.

Gracias a Marcel Proust que a sus 13 años hiciera su primer chismográfo y que tiempo (bastante) despues hiciera un segundo para contrastarlo con el primero y no sintiéndose satisfecho publicara sus respuestas en el artículo: Las confidencias de salón y así fue como surgió el famoso cuestionario de Proust


1. ¿Principal rasgo de su carácter?
2. ¿Qué cualidad aprecia más en un hombre?
3. ¿Y en una mujer?
4. ¿Qué espera de sus amigos?
5. ¿Su principal defecto?

6. ¿Su ocupación favorita?
7. ¿Su ideal de felicidad?
8. ¿Cuál sería su mayor desgracia?
9. ¿Qué le gustaría ser?
10.¿En qué país desearía vivir?

11. ¿Su color favorito?
12. ¿La flor que más le gusta?
13. ¿El pájaro que prefiere?
14. ¿Sus autores favoritos en prosa?
15. ¿Sus poetas?

16. ¿Un héroe de ficción?
17. ¿Una heroína?
18. ¿Su compositor favorito?
19. ¿Su pintor preferido?
20. ¿Su héroe de la vida real?

21. ¿Su nombre favorito?
22. ¿Qué hábito ajeno no soporta?
23. ¿Qué es lo que más detesta?
24. ¿Una figura histórica que le ponga mal cuerpo?
25. ¿Un hecho de armas que admire?

26. ¿Qué don de la naturaleza desearía poseer?
27. ¿Cómo le gustaría morir?
28. ¿Cuál es el estado más típico de su ánimo?
29. ¿Qué defectos le inspiran más indulgencia?
30. ¿Tiene un lema?


Un consejo, sean sinceros, no es para publicarlo como Proust (no creo que sean tan arrogantes jeje), pero si lo hacen bién consciente o inconscientemente les ayudará a descubrir su personalidad

lunes

Paréntesis

Escribo esto encabronado, muy muy encabronado, -paréntesis no es mi pensar cotidiano- pero me encabrona que me dejen colgado una ves, dos es casi estúpido aceptarlo, porque con la persona con la cual debería estar enoja@ soy yo, por ponerme en esa situación............ No te pongas en esa situación!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!1 pen#$%%jo

miércoles

D/Escribamos


¿Por qué escribimos Poesía? ¿Es acaso un juego? ¿Una obsesión? ¿Quizás una necesidad? ¿Hacia dónde la dirigimos? ¿Cómo la construimos?

Escribir Poesía es como tener un montón de ladrillos y no formar nunca una pared. Hacemos por crear un hogar para el lector, un encuentro para nosotros mismos. Pero no asumimos el dolor ajeno, no nos convencemos de lo desconocido. Aquél que es nómada, adivina siempre la Poesía donde otro anhela el hogar.

La Métrica y nosotros a veces no nos entenderemos, porque Ella medirá los versos en sílabas; y nosotros, en sentimientos. Su engranaje es metódico, pragmático, cuadriculado, real, se hace lícito, legible, pausado. En cambio, nosotros escribimos más exacto, más preciso. Le damos contexto a la Palabra porque, sencillamente, ésta no es más que el dolor mudo de nuestra propia voz.

La Poesía es un tipo de arte. Muy doloroso, eso sí. Y esto es así, porque el Arte en sí es un daño colateral. Así que, por favor, les suplico que no escribamos Poesía para dedicársela a alguien. Escribamos para enfrentarnos a nosotros mismos. Desafiémonos. Pongámonos trabas, obstáculos. No creamos conocer los parámetros del Poema; intuyámoslo. Pensar que el poeta no escribe porque quiera comprender la vida. Tan sólo aspira a describirla con el dolor adecuado. Con la sensibilidad necesaria.

La Poesía vuela. Nosotros no. Ésa es la gracia de escribir.

viernes

La obra



—Yo soy actriz.

Dijo la muchacha apartando la vista hacia la ventanilla. El conductor recorrió su cuerpo con una mirada y reanudó la marcha. Dijo que el sueño de su adolescencia había sido el teatro, pero terminó como taxista. Jugarretas del destino y obviamente, del talento. Cuando era más joven no se perdía ninguna obra. Ahora realmente tenía poco tiempo, pero como acababa de conocer a una profesional del medio, seguramente iría pronto. Era la primera vez que subía a una actriz y le resultaba emocionante. Quiso saber su nombre, dónde trabajaba, qué obra presentaban, cómo se llamaba el personaje. La muchacha lo miró.

—No pertenezco a ningún grupo —sonrió de mala gana y volvió a girar el rostro hacia la ventanilla para continuar hablando—. Yo en realidad, hubiera querido ser hija de un multimillonario. Pasar toda la infancia siendo la niñita de papá con todo lo que me viniera en mente. Llegar a la adolescencia para comenzar a gastar dinero en compras inútiles, mientras el viejo me pasaba la mano por el cabello llamándome “amor de mi vida”. Antes de la mayoría de edad hubiera comprado la licencia de manejo y estrenaría el carro, regalo de mis queridos padres, para comenzar mis giras nocturnas con amigos y botellas. Hubiera abandonado la universidad después del primer aborto, y trasladaría mi vida al apartamento, regalo de mi padre para calmar mis nervios. En el último piso y con piscina, organizaría de esas fiestas que no terminan nunca, con invitados hijos de políticos, y donde todos nos beberíamos el mundo. Así hasta que un día, a los 25 años me encontrarían muerta en un accidente automovilístico, con las venas llenas de alcohol, y la nariz enrojecida. Eso hubiera querido que fuera mi vida, claro, pero nací equivocadamente.

Él permaneció unos minutos atónito y luego sonrió afirmando que lo del padre multimillonario no estaba mal, pero al menos era actriz y eso era algo ¿no? Seguramente había representado obras en la escuela de teatro, un personaje secundario, cualquier cosa. Todavía era joven y tenían tiempo para encontrar un grupo. Él en la preparatoria había representado a Otelo en una actividad de la escuela, y conservaba las fotografías como un gran evento. La muchacha lo miró muy seria.

—Nunca fui a la escuela de teatro, aspiro a cosas superiores. Hace años me preparo para la gran representación, yo alcanzaré lo perfecto, el gran arcano, ¿me entiendes?

Él no entendió, pero vista la seriedad del otro rostro, decidió no abrir más la boca. La actriz dirigió su mirada a la ventanilla y sólo volvió a hablar para pedir que la dejara en su destino. El auto se detuvo. Ella dio las gracias y él agarró su mano segundos antes de bajarse.

—Espera... disculpa si te molesté, de todas formas, cuando estés lista para la representación de lo perfecto, ¿cómo podría verte para que me invites?

La muchacha sonrió.

—Vivimos en medio de una representación. Seguramente tu Otelo resultó más creíble que esas ganas de verme. —Soltó su mano bruscamente y bajó.

El chofer suspiró poniendo el auto en marcha y no volvió a pensar en ella hasta unas semanas después cuando la vio parada en la misma esquina. Se acercó despacio ella no pareció reconocerlo y entonces para no sentirse ridículo simplemente la invitó a subir.

—Me dices dónde quieres que te deje.

Ella movió la cabeza afirmativamente fijando la vista en la ventana. El muchacho se sintió incómodo, pero era de esperar que alguien que todos los días montaba en un carro distinto no recordara su rostro.

—Me parece que nos hemos visto antes. ¿Tú a qué te dedicas?

—Soy actriz.

Él sonrió ideando la manera mejor de hacer que lo recordara.

—Hace unas semanas creo que di servicio a otra actriz, lo recuerdo porque el teatro es una de las cosas que más me gusta. ¿Estás trabajando algún personaje?

La muchacha giró la vista hacia sus ojos, suspiró y luego volvió a la ventanilla.

—Yo en realidad hubiera querido ser una católica, no por vocación, sino porque no quedara más remedio que afiliarme a alguien. ¿Y quien mejor que un alguien colectivo? Juraría llegar virgen al matrimonio, y ante la imposibilidad de encontrar marido tendría sueños eróticos, donde me vería en minifalda y con un inmenso escote, cantando para un público de hombres. Entonces comenzaría una doble vida. De noche andaría a conciertos de rock, para admirar a los monstruos llenos de pelos y sudores. Olvidada en la última fila asistiría a las transformaciones de los otros, rezando en silencio, y lloraría en las noches la incapacidad de liberarme. Me encontrarían muerta de indigestión, desnuda y con las piernas abiertas, virgen y con 35 años, y una cruz aferrada en una de las manos.

El tuvo ganas de reír, pero se contuvo.

—¿Estás ensayando tu próximo papel?

La muchacha lo miró sin apenas inmutarse. Él se encogió de hombros y cambió la vista, mientras murmuraba un “disculpa”. El resto del viaje no volvieron a conversar. La calle pasaba de prisa, mientras al volante él se preguntaba por qué con tantas muchachas bonitas y normales que había, le venía a tocar una loca que lo único que hacía era decir tonterías.

—Déjame en esta esquina.

El carro frenó bruscamente.

—Te deseo suerte y que puedas por fin convertirte en una gran actriz.

Ella bajó despacio y ya afuera se recostó un instante en la ventanilla.

—No. Yo soy actriz. Lo que quiero es la representación perfecta. —Dio media vuelta y se fue.

El motor se puso en marcha con un conductor un tanto irritado. La palabra “estúpida” merodeaba mezclada con el aire que entraba por las ventanillas. “La próxima vez que la vea la dejo plantada en la esquina, bajo el sol, y con sus guiones preelaborados”. Eso pensaba él, pero la siguiente vez que la vio fue aproximadamente un mes después. Siempre en el mismo lugar. La luz roja lo obligó a detenerse, a pesar de sus intentos de escapar. Entonces se le ocurrió que sería divertido dejar que se acercara a pedir servicio y entonces le plantaría una rotunda negativa en el rostro. Ella, sin embargo, no hizo nada para abordarlo. Estaba como siempre: detenida. El semáforo cambió la luz y el miró por el retrovisor. El auto de atrás comenzó a pitar desesperado al ver su marcha en retroceso.

—¿Te adelanto un tramo?

La muchacha dio las gracias y se apresuró en subir. Él no quiso indagar demasiado en su repentino cambio de actitud. Prefirió asumir que le daban pena las muchachas que esperaban bajo el sol, y que era mucho más entretenido viajar con una que hacía historias, aunque resultaran siempre patéticas. Trató de ser amable y divertirse un poco.

—Yo soy actor ¿sabes?

Ella le dedicó una mirada con desgana y volvió a fijar la vista en la ventanilla. Él quiso de veras divertirse.

—En realidad quería ser otra cosa… quería ser un tipo normal y andar por la calle y un día encontrar a una muchacha y conversar y enamorarme de ella, y enamorarme tanto hasta descubrir que ella no me amaba, ni siquiera me miraba, y entonces… entonces planificar calladamente su muerte, asesinarla con mis propias manos, llevarla en una loca carrera por toda la ciudad para hacerla morir de miedo. Luego bajaría su cadáver del carro y continuaría tranquilo silbando una canción.

—Para ser actor eres bastante mediocre. —La voz de la muchacha lo hizo girar la mirada hasta encontrar sus ojos—. La gente interpreta papeles en dependencia del momento en que se encuentren. Lo más terrible es que pueden tener ante sus narices una verdad y se emocionarán pensando que es una interpretación magistral de eso que llaman realidad. Los actores están del lado de allá del escenario, viejo, pagan el boleto y luego van a casa a continuar el rutinario guión que alguien les ha impuesto.

El chofer abrió los ojos con asombro ante la total elocuencia de su acompañante, pero no quiso perder la oportunidad de continuar escuchando. Quiso darle un pie para que siguiera.

—¡Déjame adivinar! ¡Tú eres actriz!

Ella le dedicó una sonrisa.

—Como adivinador también eres mediocre, que soy actriz te lo he dicho las anteriores veces que me has subido.

El carro frenó en seco y él se giró mirándola muy serio.

—¿Entonces me reconociste? ¿Me aceptas un café?

—No puedo perder tiempo, déjame en casa, nos vemos el mes que viene en la misma esquina.

Fue así como convirtió el ultimo sábado del mes en su día mas deseado. Cada mes acudía a recogerla al mismo sitio. En un comienzo pensó que la frialdad de los primeros momentos iría cediendo. Él se mostraba muy locuaz. Hablaba de temas divertidos mientras ella repasaba la ciudad a través de la ventanilla y a veces lo interrumpía con algún comentario totalmente ajeno a su discurso. Él trató de indagar en su vida, saber si era casada, si vivía sola. Conocido juego de tantear el territorio, que encontraba respuestas en monosílabos y medias sonrisas por parte de ella.

—¿Por qué te interesa acostarte con una desconocida?

El chofer titubeó un poco antes de responder.

—No… si yo no quiero, además de que ya no eres una desconocida, yo sólo quería interesarme por tu vida, es normal ¿no?

—Mi vida es simple: soy actriz. Nunca te vayas a la cama con una actriz. Puedes padecer reacciones muy frustrantes. A mí lo único que me importa es prepararme para mi representación. —Le dedicó una sonrisa.— Quizás tú seas un buen espectador. ¿Te interesaría?

Él movió la cabeza afirmativamente y agregó que era en verdad lo único que le interesaba de ella: su vida profesional. Pero era mentira.

—Ok, te mantendré informado. Serás mi invitado de honor.

Era extraña, y él quiso esperar al mes siguiente. De mujeres había conocido muchas. Ésta era un desafío. De esa clase de personas que les gusta rodearse de un aire misterioso, con discursos a medias, como si colocaran las palabras al borde de la mesa para verlas tambalearse. Él aceptó el reto, aunque en verdad lo único que le interesaba era encontrar una muchacha normal. Una que te mira, responde “sí” y “ya somos novios”. De esas que se van a buscar a la salida del trabajo y se presentan a los padres y se felicitan el día de los enamorados. Aunque en realidad quisiera eso, prefirió esperar, o hacer lo que en su lenguaje se definía como “madurar la fruta”. Prefirió respetar los tiempos dilatados y la mirada ajena. Ese aire que la hacía diferente. Tal vez luego de la anunciada representación, vendría el café y quién sabe si otras cosas, mientras tanto no quedaba más remedio que esperar. Era tan inofensiva, tan poco perniciosa, que daba casi pena.

—¿No piensas adelantarme nada de la obra? Ya que soy invitado de honor, debo estar preparado, ¿no?

—No. Quien tiene que prepararse soy yo. Tú solamente harás lo que dice tu papel: estar presente. No puedo adelantarte nada, lo echarías todo a perder. Yo alcanzaré la magnificencia. Con eso basta.

Habían pasado ya unos cuántos meses desde el primer día, y él continuaba esperando. Abrigaba en lo más hondo la sospecha de que luego del teatro todo cambiaría. Si bien no era de las más comunes, al menos tenía algo que la hacía interesante. Quizás ese empeño de soñar con una obra que rompería todos los arquetipos posibles. Un espectáculo donde la platea pasaría a ser la ejecutante, mientras en el escenario los supuestos actores gozarían de la función. 
Alguna vez dijo, con marcada ironía en las palabras, que el teatro no era más que una dulce escapada del libreto. Los espectadores disfrutan lo que ven con la total certeza de que el telón caerá y todo volverá a ser como al inicio. Las butacas, entonces, son territorio franco, donde las emociones y los sentimientos pueden vagar libremente mientras que dure el espectáculo. Ella trastocaría todo, dijo con la vista fija en la ventanilla, crearía una confabulación donde todos quedaría implicados.

El taxi se detuvo una vez más ante la muchacha que esperaba bajo el sol. Él le dedicó una sonrisa y siguió con la mirada su menudo cuerpo, mientras hacía el recorrido para subir al carro.

—Llegó el momento –dijo ella con un cierto brillo en la mirada—. Estoy lista. El sábado asistirás a la gran representación. Anoté la dirección en este papel. ¡Espero que te diviertas!

Cuando se despidieron, él deseó buena suerte. Se sentía emocionado e impaciente a la vez.

El sábado compró flores. Estaba convencido de que la obra sería un éxito y al menos por un día ella aceptaría un café y quizás otra cosa. El espectáculo era en el sótano de una iglesia, en la avenida Tacuba. Él llegó mucho antes de la hora señalada. A las ocho abrieron las puertas y el lugar se fue llenando de gente que ocuparon las butacas y hasta el piso. Voces de Cantos gregorianos llenaban el espacio, mientras el público esperaba entre susurros.

Cuando ella salió a escena, algo dentro de él comenzó a vibrar. Estaba transformada, los ojos le brillaban de una forma extraña, y existía como un halo delineando su figura. Era perfecta. Desde su asiento, comenzó a sentir un extraño olor que fue llenando la sala, pero apenas lo notó al principio. Luego el olor proveniente del humo que invadía el lugar, se fue mezclando con las palabras del lado de allá del escenario. Perdió la noción del tiempo y la lógica de las recitaciones. Todo era ella, la gran actriz y el flujo de energías que experimentaba desde su butaca. Por eso cuando la vio desnudarse, el éxtasis provocó que sus ojos permanecieran abiertos. Absortos en esa admirable aprehensión de lo perfecto. Sintió un calor que lo recorría al improviso cubriéndole todo el cuerpo. Ella desnuda y él, refugiado en su inconsciencia, deseando tocarla. Quiso pensar que se trataba de ternura, pero un latido en el centro de sus piernas, lo hizo desistir. Era más fuerte que él. Quería poseerla, gozar del menudo cuerpo que se ofrecía a su visión. Hacerla carne dentro de su carne, lengua dentro de su lengua. Y por un momento pensó que el ardor de sus mejillas podría incendiar el resto de la sala. 

Podría delatarlo cómplice en esta jugarreta de la actriz. Pero los rostros cercanos se denunciaban partícipes de emociones similares. Miradas transformadas en lujuria y luego en una morbosidad que se confundía con la concupiscencia del espectador de al lado. Todo formando parte de sensaciones colectivas. Energías que entraban y salían y chocaban y pedían estallar. Por eso, cuando uno de los actores levantó el cuchillo que desgarró la piel de ella, él sintió que se ahogaba. Cuando la sangre empezó a brotar a él le brotaron lágrimas. Cuando los otros desde el escenario agarraron las manos de la actriz para sostenerla, él sostuvo las de sus vecinos apretándolas con fuerza. Cuando el telón comenzó a bajar, estalló en aplausos descomedidos y gritos de “bravo” y palmadas en las espaldas de los espectadores que se abrazaban llorando, emocionados, enternecidos, sobreexcitados.

Afuera la esperó muy ansioso. Los demás se iban marchando y él caminaba de un lado para otro. Miraba el reloj y se arreglaba el cuello de la camisa. Volvía al reloj y olía las flores. Por fin, cuando no quedaba nadie, divisó a uno de los actores saliendo por la puerta del costado. Se acercó despacio y decidió esperarla junto a un árbol, justo donde alcanzaba la franja de luz proveniente del farol. El actor volvió a entrar y salió con unos maletines, que colocó en el asiento trasero de un auto. Luego salieron otros dos, uno se sentó al volante y encendió el motor. El otro abrió la cajuela. Entonces el primer actor volvió a entrar y al momento apareció haciendo una señal desde la puerta. El que estaba afuera se acercó y juntos cargaron un enorme envoltorio aparentemente pesado. Lo colocaron en la cajuela y cerraron. El primer actor volvió adentro, el otro se metió en el carro. Cuando las luces de la iglesia se apagaron y el que estaba adentro salió cerrando la puerta, él sintió una cosa muy extraña. Dio unos pasos aferrando sus manos al ramo de flores. El otro caminó hacia el carro y levantó la vista recorriendo el lugar, entonces fue que lo vio. Se le acercó despacio, metió la mano en un bolsillo y extendió un papel. No dijo nada. Puso el papel en su mano, dio la vuelta y se unió a los otros. El auto se alejó veloz.

Él dio unos pasos hasta colocarse bajo el farol. Suspiró profundamente, abrió el papel y leyó:

“A veces la verdad está delante de nuestra narices, y nos negamos a creerla. ¡Bravo! Eres un magnífico espectador. Yo era actriz. Ahora soy mi sueño.”

El papel cayó de sus manos, junto con las flores. Él comenzó a andar despacio. Atrás quedaba un extraño perfume. Las flores olían a cosas vivas.

lunes

Pero se tiene que hacer!

Aprender a madurar cuesta mas de lo que ha veces me gustaría pagar....

jueves

Mapas

Nunca he visto una herida sangrar sin que alguien antes haya intentado abrirla ni he visto nunca a nadie pedir auxilio cuando realmente quiere escapar

Tengo en el corazón una brecha que divide lo que soy en un caos entre lo que tengo y siempre quise, y lo que temo perder por tenerlo aquí

Una mitad me repite que me sostenga, que me agarre fuerte. La otra, me explica el porqué;

No te sueltes –repite, el golpe va a ser fuerte

Volver al precipicio desde donde una vez salté no fue buena idea, pero venció la curiosidad de verme ahí tirado y ver cómo te alejabas fue el empujón perfecto. El vértigo sólo se cura una vez llegas al suelo y créeme, hecho añicos, poco importan ya las alturas que no lleven tu nombre

"Me lo he pasado genial esta noche, yo también hubiese muerto por ti"

No creo en las segundas oportunidades así como no creo en la vida después de la muerte, una vez hecho el corte, es imposible disimular la cicatriz. Lo escribe alguien que lleva ocultando la suya demasiado tiempo

El monstruo que vive debajo de mi pecho me está consumiendo, a falta de galletas se está comiendo el corazón

Sálvate tú, a mí ya no me queda tiempo y me faltan ganas.

Fue precioso morir
       morir por volverte a ver

domingo

Galaxia

Me gustaría poder escribirte en la espalda todo lo que no me atrevo a decirte a la cara 
Que pudiste haber sido tú, que pude haber sido yo.. y sin embargo, ..decidimos ser nosotros 
Que nunca tuvimos nombre pero supimos cómo mirarnos 


Que siempre me gustó tu manía de no girar la cabeza cuando te ibas, por si acaso, en una de esas, no estaba yo 
Y de repente... dejamos de estar los dos. 


Pero aquel día, aunque no lo hice, te aseguro que quise besarte y te aseguro que tuve que morderme la lengua 
para no arrancarte a ti la piel, pero es que tu piel siempre fue un campo de batallas y yo no soy quién para evitar la guerra 
Si quieres, puedes acurrucarte ahora en mi campo de refugiados.. aquí no están permitidas las armas, pero sí las uñas


Y es que perder el miedo.. da mucho miedo.. y a mí aún me asusta la oscuridad 
y no sé si tú eres esa pequeña lámpara encendida o el monstruo de debajo de la cama 
pero puedes quedarte.. (pero quédate..) aunque te marches en mitad de la noche 


Aquí no hay cuerdas, aquí hay lazos. 



Créeme, cuando te beso la constelación que tienes dentro, sé lo que me hago.. 
sé de lo que hablo.. es todo aquello que me encantaría escribirte en la espalda por no poder decírtelo a la cara, para que no puedas saberlo pero siempre lo lleves contigo 
Es una carta blanca de paz y calma llena de heridas y tachones 


Y tú eres una pequeña bomba de oxígeno y relojería, un bosque al que le gusta jugar con fuego. 
Una niña que al crecer la nombraron reina de dos mundos, en uno te puedo besar.. 
en otro apenas.. puedo mirarte


Pero qué choque planetario más bonito tienes


Hazte así, que tienes un poco de mí en tu boca.. 
Hazme así, que tengo un poco de ti en la mía.. 

Las galaxias como tú.. 
....no deberían bailar tan cerca de la Tierra